El comienzo del nuevo ciclo solar me encuentra revisando la planificación una vez más. Hace dos horas he recibido un mensaje de los líderes de mi clan acuciándome a acelerar el ritmo de la invasión, notificándome de paso que las referencias en mis comunicaciones a la escasez de recursos no son vistas con buenos ojos, ya que como invasor en jefe debo ser capaz de gestionar este tipo de mínimos contratiempos. Cierto que no dispongo del número exacto de recursos previsto, que el equipo asignado no es exactamente el previsto, pero no puedo dejarme anular por este tipo de nimiedades.
Admiro a mis líderes. Dice mucho en su favor que consideren esta situación como una nimiedad… tengo mucho que aprender.
Aún así, haciendo gala de su infinita comprensión, se han dignado asignarme un contingente de refuerzo. En breve llegarán para ponerse en mis manos.
Estoy entusiasmado y un tanto avergonzado a la vez. Me pondría a bailar (he estudiado esta conducta de los siervos e incluso me he fabricado algo llamado tu-tu, de color rosa, por supuesto), si no fuera por que la última vez que ensayé resbalé con los detritus del “chucho” que llenan cada rincón de la nave y termine por estamparme 27,4 metros mas adelante contra el parachoques delantero del “buga”. Que dicho sea de paso juraría que apareció de la nada.
La situación con el siervo es complicada. Le traje para que limpiara la nave, pero mi capacidad de negociación ha demostrado ser limitada. Incluso sospecho que recorre la nave en el “buga”, aunque nunca consigo verlo, solo percibo en ocasiones una mancha azul que pasa por un pasillo a unos 233,7 KM/h rugiendo como un rakken herido.
Sin embargo si ha resultado útil como sujeto de observación. He aprendido de él lo que es el póker, el mus, y que hay una curiosa regla terrestre por la cual no siempre el que tiene mejores cartas según el reglamento gana. Al parecer hay una superrregla que opera por encima de esta, que va variando en función de la hora del día y un número que mi contrincante tiene derecho a pensar. No he terminado de entenderlo, pero el caso es que no consigo ganar una mano. El otro día creí tener un poker, pero el siervo (me dice que le llame Manolo, pero como no he visto ni al Chucho ni al Buga llamarle así, yo tampoco por si acaso) me explicó que en realizad a esa hora del día se consideraban dobles parejas, salvo que adivinase el número secreto. Dije 2 y resulto ser 3.
Es un buen chico, se le nota apenado cuando se queda con mis créditos, pero dentro de poco voy a tener que tomar una decisión, o dejo el estudio, o hipoteco mi hogar en mi planeta madre…
En la próxima partida seguro que me rehago.
Qué majos tus líderes, ¿eh? A ver si hay suerte y le ganas alguna partida a Manolo, jaja.
ResponderEliminar