lunes, 27 de diciembre de 2010

Diario de Scrankkk: Entrada 7

Hoy es un gran día, al fin han llegado los refuerzos. Cierto que no completan el número inicialmente previsto, pero aún así es un aumento tremendo en mi capacidad operativa.

Al comienzo se han mostrado bastante sorprendidos, especialmente porque les he ido a recibir al hangar en el interior del buga, para dejarles patente mi dominio de la situación. La demostración ha quedado algo empañada por que el buga a derrapado con los excrementos del chucho que alcanzan en esa zona a cubrir casi por completo el piso, con lo que el siervo ha empezado a soltar improperios mientras se agarraba frenéticamente al volante (mas adelante explicare la curiosa simbiosis existente entre estas dos especies para el desplazamiento), y finalmente hemos impactado de lleno contra la compuerta de embarque.

Los refuerzos han caído estrepitosamente al suelo desde una altura de dos metros aproximadamente, pero afortunadamente los excrementos de perro han amortiguado bastante la caída.

Debo decir que los tres soldados que conforman el refuerzo me dan muy buena impresión.

Primero tenemos al gamuselino, que como digno representante de su raza despliega una agresividad sin límites, por lo que lo asignaré a mis tropas de choque. Es el que peor lo ha pasado con el incidente de la caída, ya que su altura apenas supera el tamaño de un excremento estándar de chucho, por lo que al caer de cabeza sobre uno ha tenido un riesgo serio de morir por asfixia.

El segundo elemento, es el Kaliphornikiano, que se ha tomado el episodio con la calma típica de su raza. Es experto en comunicaciones, así que creo que le pondré a revisar y mejorar el estudio de las emisiones electromagnéticas del objetivo.

El tercero es un Mhang-uthaa, y tengo que reflexionar seriamente su ubicación dentro del plan de conquista. No se conoce ninguna capacidad especial para esta especie, salvo la de conseguir sobrevivir sin apenas recursos. Cierto que parecen estar dispuestos a no molestarse en obtener recursos hasta el punto de que jamás se ha sabido de que ningún miembro de esta especie haya alcanzado un cargo de relevancia o tan siquiera realizado alguna tarea de forma satisfactoria.

Debo tomarme como un reto y una oportunidad de demostrar mi valía el acometer las tareas previstas con un equipo algo reducido (de los mas de 3000 recursos previstos, solo dispongo de 3 por el momento). Tengo que ser consecuente con la crisis actual que sufre mi clan y adaptarme a las circunstancias. No dudo de que saldré airoso del empeño.

martes, 7 de diciembre de 2010

Diario de Scrankkk: Entrada 6

 El comienzo del nuevo ciclo solar me encuentra revisando la planificación una vez más. Hace dos horas he recibido un mensaje de los líderes de mi clan acuciándome a acelerar el ritmo de la invasión, notificándome de paso que las referencias en mis comunicaciones a la escasez de recursos no son vistas con buenos ojos, ya que como invasor en jefe debo ser capaz de gestionar este tipo de mínimos contratiempos. Cierto que no dispongo del número exacto de recursos previsto, que el equipo asignado no es exactamente el previsto, pero no puedo dejarme anular por este tipo de nimiedades.

Admiro a mis líderes. Dice mucho en su favor que consideren esta situación como una nimiedad… tengo mucho que aprender.

Aún así, haciendo gala de su infinita comprensión, se han dignado asignarme un contingente de refuerzo. En breve llegarán para ponerse en mis manos.

Estoy entusiasmado y un tanto avergonzado a la vez. Me pondría a bailar (he estudiado esta conducta de los siervos e incluso me he fabricado algo llamado tu-tu, de color rosa, por supuesto), si no fuera por que la última vez que ensayé resbalé con los detritus del “chucho” que llenan cada rincón de la nave y termine por estamparme 27,4 metros mas adelante contra el parachoques delantero del “buga”. Que dicho sea de paso juraría que apareció de la nada.

La situación con el siervo es complicada. Le traje para que limpiara la nave, pero mi capacidad de negociación ha demostrado ser limitada. Incluso sospecho que recorre la nave en el “buga”, aunque nunca consigo verlo, solo percibo en ocasiones una mancha azul que pasa por un pasillo a unos 233,7 KM/h rugiendo como un rakken herido.

Sin embargo si ha resultado útil como sujeto de observación. He aprendido de él lo que es el póker, el mus, y que hay una curiosa regla terrestre por la cual no siempre el que tiene mejores cartas según el reglamento gana. Al parecer hay una superrregla que opera por encima de esta, que va variando en función de la hora del día y un número que mi contrincante tiene derecho a pensar. No he terminado de entenderlo, pero el caso es que no consigo ganar una mano. El otro día creí tener un poker, pero el siervo (me dice que le llame Manolo, pero como no he visto ni al Chucho ni al Buga llamarle así, yo tampoco por si acaso) me explicó que en realizad a esa hora del día se consideraban dobles parejas, salvo que adivinase el número secreto. Dije 2 y resulto ser 3.

Es un buen chico, se le nota apenado cuando se queda con mis créditos, pero dentro de poco voy a tener que tomar una decisión, o dejo el estudio, o hipoteco mi hogar en mi planeta madre…

En la próxima partida seguro que me rehago.